EL ENTRENAMIENTO

Es cierto que mi padre me enseñó a detectar agua subterránea, pero es aún más cierto que he debido practicar y experimentar mucho para convertirme en un radiestesista y domoterapeuta fiable. Y habiendo pasado por ese camino, quedé convencido de que todo el mundo puede recorrerlo igual que yo. Una vez ―estaba entonces realizando un curso con Josep Carol como profesor― le preguntamos a Josep qué condiciones eran necesarias para ser un buen radiestesista. Y nos respondió con una frase que a menudo repito a mis alumnos: “Perseverancia, sentido común, humildad y bondad”. En definitiva, no se trata de añadir nada al equipaje que llevamos desde que llegamos a este mundo, sino de limpiar la mochila y dejar que salga lo que llevamos dentro por derecho de nacimiento.

Por eso, alcanzar fiabildad en las detecciones es, básicamente, cuestión de puro entrenamiento (perseverancia) y de utilizar sistemas que permitan comprobar los resultados (sentido común) para, finalmente, usar correctamente la radiestesia (humildad y bondad). El entrenamiento que propongo pasa por tres fases distintas, tanto para detectar como para sanar:

En la primera fase se trata de trabajar por vía material. Es decir, sobre fenómenos materiales. El campo del telurismo es excelente para ese entrenamiento: las aguas subterráneas, las fallas geológicas, los filones de mineral o las bolsas de distintos yacimientos permiten adquirir una gran experiencia. Muchos de esos fenómenos son patógenos para nuestras viviendas y por tanto para nuestras personas, por eso su localización se hace necesaria. En cuanto a su sanación, puede realizarse igualmente por medios materiales usando la vía druídica. Para ello, y por primera vez en esta fase, entraremos en contacto con lo sutil: con ciertos puntos de Madre Tierra y con las primeras leyes herméticas: Los principios de polaridad, generación, correspondencia y ritmo.

En la segunda fase se trata de trabajar por vía sutil. Es decir, sobre las partes menos materiales de la materia. Por una parte las ondas electromagnéticas generadas por todo tipo de aparatos son enormemente nocivas para la salud humana. Además, tanto los fenómenos telúricos como los aparatos electromagnéticos pueden provocar imágenes también muy dañinas y poco estudiadas y publicadas. Y todo puede sanarse, usando ahora la vía sutil y los principios de vibración y correspondencia, cambiando las propiedades de los medios materiales o trabajando por vía virtual. Esta fase incluye el estudido de auras de personas y cosas, pues todo cuanto nos rodea está vivo. Y, entre otras cosas, se analiza la fascinante relación que mantienen los árboles con su entorno.

En la tercera fase se trata de trabajar por vía espiritual.Es decir, que por una parte entramos en la detección de los fenómenos espirituales (memorias, entidades y acciones de todo tipo). Y por otra iniciamos la sanación por vía espiritual, el único modo posible de sanar las peores situaciones de este tipo. La mayor parte de publicaciones sobre domoterapia evitan tocar estos temas, cuando en mi experiencia constituyen los casos más graves que he debido afrontar. Los principios de causa y efecto y del mentalismo son usados en esta fase. Y en ella es necesario cambiar de paradigma, pues solo entendiendo que la entera vida es espiritual se pueden afrontar, diagnosticar y sanar estos fenómenos. Y durante ese aprendizaje se aprenden muchas, muchas cosas más.

Algunos rasgos se repiten a lo largo de estas tres fases:
―Es preferible iniciar la práctica mediante varillas, para introducir el péndulo cuando ya se han asumido los aprendizajes de código interno, código binario y porcentajes.
―El propósito en cada una de las fases es poder diagnosticar y sanar los fenómenos que se aprenden a detectar en esa fase.
―El respeto a Madre Tierra se hace indispensable desde el principio, y la detección de sus puntos sanadores constituye el primer paso del aprendizaje espiritual.
―Y ese aprendizaje se amplía en cada fase, hasta comprender que la vida no puede entenderse sólo con la tríada científica (espacio, tiempo y materia/energía) a menos que se añada la conciencia para cumplir la tétrada real, la que amplía nuestra visión del mundo y abre un panorama fascinante.

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