Trayectoria Vital

A pesar de haber ejercido como arquitecto, urbanista, diseñador, profesor en una Escuela de Arte y Diseño y educador en el Institut de Ciències de l’Educació de la Universidad de Barcelona, hallé mi verdadera vocación en una dirección bien distinta: mi oficio es la domoterapia, el arte de sanar casas enfermas. Este que véis a la izquierda fue mi padre, Aniceto Renau, gran radiestesista especializado en la detección de aguas subterráneas. Entre sus éxitos apunto el que evitó la emigración masiva de los habitantes de Bronchales (Teruel), o la detección de las grietas existentes en el Pantano de María Cristina (Castellón), por las que se perdían hectómetros de agua diarios. En la foto se le ve usando un detector hoy en desuso: el omega. Alumbró un par de aguas minerales aún a la venta y fue muy solicitado por urbanizadores, ayuntamientos y fábricas que necesitaban, a veces desesperadamente, agua. Visto lo anterior, os parecerá clara la cosa: he heredado las facultades de mi padre. Pues no, nada de eso. Cierto que él fue mi primer maestro y me enseñó, en los años 80 del siglo XX, a detectar agua subterránea. Pero su herencia más valiosa para mí fue la certeza de que, más allá de los procedimientos científicos habituales, existían fenómenos que podían ser detectados por vía no racional. El resto ha sido puro entrenamiento y afirmo que cualquier persona normal puede convertirse en un buen radiestesista Otra persona influyó mucho en mi formación como radiestesista y domoterapeuta: Josep Carol, de Cassavells, Girona. Me lo encontré un día en las montañas del Empordà, conectamos de inmediato y acabó convirtiéndose en mi segundo maestro..

Gracias a él me introduje en ámbitos que han sido muy importantes en mi aprendizaje: 1) En contra de lo establecido, aprendí a neutralizar los fenómenos patógenos. 2) Aprendí y experimenté que la neutralización se podía realizar por vía espiritual. 3) Y dejé atrás el miedo a caminar por senderos desconocidos. Aunque ahora he creado y practico mi propio sistema, quedaré siempre agradecido a su magisterio. Como él, yo mismo me he convertido en un pionero de la radiestesia. Con los años el registro de fenómenos peligrosos para la salud, su clasificación y la medida de su patogenia, fue dando paso a la necesidad de su sanación. Me dí cuenta de que todo fenómeno contrario al proyecto de vida de las personas puede ser sanado. Así me convertí en sanador de casas, en domoterapeuta. Actualmente llevo registradas más de 350 sanaciones documentadas, con un 2% de errores (es que soy muy normal y no lo sé todo). Y más adelante ese recorrido me condujo a compartir lo que sabía. Inicié en 2010 la escritura de un libro intentando dar a conocer mis experiencias como sanador de casas y mis investigaciones y aprendizajes en campo abierto. En fin, estructurar correctamente todos los contenidos y dar a conocer la sanación desde el campo espiritual ha supuesto un esfuerzo de 6 años. En el verano de 2016 recibí con alegría los primeros ejemplares de mi libro Domoterapia de Luz, publicado por la prestigiosa Editorial Sirio. Mis instrumentos son sencillos: el péndulo en mano, la raíz en Madre Tierra y el ancla en el Cielo. No soy santero ni milagrero; tampoco soy budista. Pero sé que la vida es, ante todo, un extraordinario hecho espiritual. Y yo me adentré en él a través de la radiestesia porque me fascinaba. Y acabé descubriendo que podía ayudar a las personas que sufren a causa del estado ambiental de sus viviendas.